____________________________________"ridendo dicere verum" Rudolf von Ihering
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11 ago 2010

La importancia de expresarse correctamente.

Esta anécdota fue protagonizada por el brasileño Aparicio Torelly Aporelly, más conocido como El Barón de Itararé. 

Cuando era joven, este Barón de Itararé, cometió el error de estudiar medicina, por complacer a su familia. Pero sus estudios terminaroncon el siguiente suceso.


Un día un profesor que lo detestaba por sus bromas, le preguntó:

-¿Cuántos riñones tenemos?

-¡Cuatro! -respondió el alumno-.

-¿Cuatro? -replicó el arrogante profesor, uno de esos que sienten placer regodeándose con los errores de los alumnos-. ¡Traiga un fardo de pasto, que tenemos un asno en la sala! -le ordenó el profesor a su auxiliar-.



 











-¡Y para mí un cafecito! -replicó el alumno al auxiliar del maestro-.
 





El catedrático, furioso, lo expulsó del aula para siempre. Aparicio Torelly, agarró sus libros sin enojarse y cuando ya iba para afuera se dio vuelta y con su eterna sonrisa dijo bien fuerte:

-Usted me preguntó cuántos riñones "tenemos". Tenemos cuatro: dos míos y dos suyos. "Tenemos" es una expresión usada para el plural. ¡Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto!



Aunque el barón de Itararé se dio cuenta a tiempo que la medicina no era para él, se fue dejando en claro que para triunfar en la vida no basta con ser experto en un tema, también hay que saber expresarse con corrección

 fuente:
http://habitovisual.blogspot.com/2010/03/hablar-correctamente.html
http://www.zonagente.com/blogs/humor/chistes-el-baron-de-itarare

10 ago 2010

No te rindas ni aun vencido.

EL JUICIO*


Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El culpable era una persona muy influyente del reino, y por eso desde el primer momento se procuró hallar un chivo expiatorio para encubrirlo. 


El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la horca. El juez, aunque también estaba confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras 'culpable' e 'inocente'. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino”.
 


Por supuesto, el perverso funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “Culpable”.

La víctima, aun sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el sistema era una trampa. Cuando el juez lo conminó a toma uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se lo metió a la boca y lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.
 




—Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto?
—Es muy sencillo —replicó el hombre—. Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.
 

Con refunfuños y una bronca muy mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.



“Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein 





* "La culpa es de la vaca", ed. Intermedio, pags. 43 y 44